Estamos a mediados de 2007 y habíamos dejado la anterior entrada con la
llegada de don Alfonso, en compañía de su fiel hija Iona, a la casa de
José y Maria Carmen con una cara aparentemente descompuesta. No cabe
duda que le invitaron a entrar en su casa para que les contase lo que
aparentemente tanto le preocupaba. Éste les confesó que tenía unas
deudas contraídas en su estanco y que debido a que ningún banco local
confiaba en él ni en su solvencia, había tenido que solicitar un crédito
a un prestamista a un altísimo tipo de interés (24% anual dijo) y que
esto le estaba ahogando. Así pues les solicitaba que le prestasen dinero
en efectivo durante unos tres meses con el propósito de cancelar ese
crédito, y que pasados esos tres meses procedería a devolverles la suma
prestada, ya que ese era el tiempo que estimaba necesario para conseguir
un hipotecario con un banco mediante el aval de un piso propiedad de su
madre Francisca.
Como José y Maria Carmen estaban pendientes de la compra de la primera vivienda de su hijo, estimaron oportuno reservar lo que eran sus ahorros en efectivo para así ayudar a su primogénito, por lo que le ofrecieron a don Alfonso un local situado en los bajos de su propia vivienda para que lo utilizase como aval bancario, con la condición de que don Alfonso hiciese todas las gestiones necesarias. Don Alfonso, en un alarde de aparentar buena voluntad, se ofreció a entregarles un documento en el que si surgía cualquier problema, les entregaba a cuenta el estanco cuya hija era titular; documento que José y Maria Carmen, con el deseo de no perjudicar a su benerable amigo, rechazaron en un primer momento diciéndole que no se preocupase por ello, que confiaban en él. Obvia decir que de este documento nunca más se supo y que cuando se terció la situación, como más tarde veremos, y se recordó su buena palabra, José y Maria Carmen recibieron la callada por respuesta.
Tras varias semanas, don Alfonso les confiesó, indignado, que la tasación máxima que ha conseguido no llega a los 60.000 euros, que los bancos siguen sin confiar en él pero al final acepta que si ese es el valor que le dan los expertos, más no se puede hacer. José y Maria Carmen también se sorprendieron un poco por el bajo valor por el que habían tasado su inmueble, sobretodo en plena burbuja inmobiliaria, pero en el fondo son felices de así poder ayudar a este ser aparentemente tan misericordioso e injustamente tratado por todos.
Así van pasando las semanas hasta que llegamos al 19 de diciembre de 2007, una fecha que José y Maria Carmen jamás olvidarán; fecha en la que son citados en la notaría de doña Francisca Aloy Martínez de Les Borges Blanques para escriturar en documento público el préstamo por esos cerca de 60.000 euros por los que habían tasado la parte de su vivienda que cedían a don Alfonso. El por qué se hizo en Les Borges Blanques cuando todos los firmantes residían en Mollerussa y el por qué se pidió un préstamo en Arbeca, localidad en la que ninguno de ellos tenía relación alguna, sólo don Alfonso lo sabe, vaya usted a saber por qué.
Así pues ese día se encontraron citados por un lado don Alfonso y su hija Iona y por otro, José y Maria Carmen, así como los dos representantes de la oficina del Banco de Santander que otorgaba el préstamo, pero también y de forma extraña, doña Francisca, madre de don Alfonso. Finalmente ésta iba también a colaborar en el crédito hipotecando el piso de su propiedad. De poco sirvieron los consejos reiterativos de su hijo en los días previos, instándoles a no avalar a nadie para prevenirles de problemas futuros, recordándoles los mismos consejos que tantas veces sus padres le habían repetido. Pero tal era la fe irracional y ciega que tenían en la bondad y palabra del misericordioso don Alfonso, el que había querido ayudar a que Nuestro Señor acogiese en su seno el alma de la difunta madre de Maria Carmen a la que tan fuertemente unida estaba, alma que don Alfonso aseguró que en medio de sus visiones místicas, había visto que se encontraba al lado Dios en paz. Muy ciega tenía que ser la fe que don Alfonso había conseguido que tuviese Maria Carmen en él gracias a su alta situación eclesiástica para que ésta llegase a creerse semejantes narraciones.
La espera en la notaría fue larga, pues al parecer había unos oscuros problemas con los documentos relacionados con la vivienda que doña Francisca, madre de don Alfonso. Ya era casi la hora de cerrar cuando pudieron reunir la documentación necesaria, por lo que la notario en aquel entonces doña Francisca Aloy Martorell les reunió en la sala de firmas. Siempre según la narración de José y Maria Carmen, todo fue rápido. Presuntamente, segúnSegún cuentan, la notaria procedió a saltarse todo protocolo y
presuntamente les dijo una frase que nunca olvidarán: "bueno, es tarde y ya saben ustedes a lo que hemos venido, verdad?"
Y, tal como cuentan José y Maria Carmen, supuestamente procedieron a la firma de la
escritura sin previa lectura, escritura que por otro lado está compuesta
por 86 páginas y cuya tediosa lectura quizás fue un buen pretexto para
las partes interesadas (don Alfonso y sus secuaces madre e hija) para así, supuestamente, conseguir obviarla.
En ese momento, José y Maria Carmen, cometiendo el mayor error de su vida, estamparon su firma en la escritura, a ciegas, sin haber sido informados de nada, sólo confiando, de una forma en parte ingenua, en parte absurda, en la palabra de ese personaje bondadoso, misericordioso, abnegado y afable, que para ellos era don Alfonso López Gassó, En ese momento creyeron avalarle con su inmueble por cerca de 60.000 euros. Nada más lejos de la realidad, una realidad que meses después descubrirían. ¡¡En el fondo era por unos pocos meses!! tras los cuales don Alfonso había prometido cancelar anticipadamente ese crédito hipotecario y eliminar la deuda que José y Maria Carmen habían contraído. ¡¡Quien iba a dudar de todo un benerable Obispo de una iglesia de nivel internacional!! (una iglesia tan internacional que había sido fundada por él mismo y que había domiciliado en su propio domicilio, información que en ese momento don Alfonso se había cuidado de ocultar).
Hasta aquí el segundo capítulo. Pero como decían los cortos de Warner... "No se vayan todavía, que aún hay más".
P.S.: Las palabras escritas en azul han sido añadidas recientemente y se ha procedido a tachar las modificaciones respecto al texto original de 2010.
Como José y Maria Carmen estaban pendientes de la compra de la primera vivienda de su hijo, estimaron oportuno reservar lo que eran sus ahorros en efectivo para así ayudar a su primogénito, por lo que le ofrecieron a don Alfonso un local situado en los bajos de su propia vivienda para que lo utilizase como aval bancario, con la condición de que don Alfonso hiciese todas las gestiones necesarias. Don Alfonso, en un alarde de aparentar buena voluntad, se ofreció a entregarles un documento en el que si surgía cualquier problema, les entregaba a cuenta el estanco cuya hija era titular; documento que José y Maria Carmen, con el deseo de no perjudicar a su benerable amigo, rechazaron en un primer momento diciéndole que no se preocupase por ello, que confiaban en él. Obvia decir que de este documento nunca más se supo y que cuando se terció la situación, como más tarde veremos, y se recordó su buena palabra, José y Maria Carmen recibieron la callada por respuesta.
Tras varias semanas, don Alfonso les confiesó, indignado, que la tasación máxima que ha conseguido no llega a los 60.000 euros, que los bancos siguen sin confiar en él pero al final acepta que si ese es el valor que le dan los expertos, más no se puede hacer. José y Maria Carmen también se sorprendieron un poco por el bajo valor por el que habían tasado su inmueble, sobretodo en plena burbuja inmobiliaria, pero en el fondo son felices de así poder ayudar a este ser aparentemente tan misericordioso e injustamente tratado por todos.
Así van pasando las semanas hasta que llegamos al 19 de diciembre de 2007, una fecha que José y Maria Carmen jamás olvidarán; fecha en la que son citados en la notaría de doña Francisca Aloy Martínez de Les Borges Blanques para escriturar en documento público el préstamo por esos cerca de 60.000 euros por los que habían tasado la parte de su vivienda que cedían a don Alfonso. El por qué se hizo en Les Borges Blanques cuando todos los firmantes residían en Mollerussa y el por qué se pidió un préstamo en Arbeca, localidad en la que ninguno de ellos tenía relación alguna, sólo don Alfonso lo sabe, vaya usted a saber por qué.
Así pues ese día se encontraron citados por un lado don Alfonso y su hija Iona y por otro, José y Maria Carmen, así como los dos representantes de la oficina del Banco de Santander que otorgaba el préstamo, pero también y de forma extraña, doña Francisca, madre de don Alfonso. Finalmente ésta iba también a colaborar en el crédito hipotecando el piso de su propiedad. De poco sirvieron los consejos reiterativos de su hijo en los días previos, instándoles a no avalar a nadie para prevenirles de problemas futuros, recordándoles los mismos consejos que tantas veces sus padres le habían repetido. Pero tal era la fe irracional y ciega que tenían en la bondad y palabra del misericordioso don Alfonso, el que había querido ayudar a que Nuestro Señor acogiese en su seno el alma de la difunta madre de Maria Carmen a la que tan fuertemente unida estaba, alma que don Alfonso aseguró que en medio de sus visiones místicas, había visto que se encontraba al lado Dios en paz. Muy ciega tenía que ser la fe que don Alfonso había conseguido que tuviese Maria Carmen en él gracias a su alta situación eclesiástica para que ésta llegase a creerse semejantes narraciones.
La espera en la notaría fue larga, pues al parecer había unos oscuros problemas con los documentos relacionados con la vivienda que doña Francisca, madre de don Alfonso. Ya era casi la hora de cerrar cuando pudieron reunir la documentación necesaria, por lo que la notario en aquel entonces doña Francisca Aloy Martorell les reunió en la sala de firmas. Siempre según la narración de José y Maria Carmen, todo fue rápido. Presuntamente, según
En ese momento, José y Maria Carmen, cometiendo el mayor error de su vida, estamparon su firma en la escritura, a ciegas, sin haber sido informados de nada, sólo confiando, de una forma en parte ingenua, en parte absurda, en la palabra de ese personaje bondadoso, misericordioso, abnegado y afable, que para ellos era don Alfonso López Gassó, En ese momento creyeron avalarle con su inmueble por cerca de 60.000 euros. Nada más lejos de la realidad, una realidad que meses después descubrirían. ¡¡En el fondo era por unos pocos meses!! tras los cuales don Alfonso había prometido cancelar anticipadamente ese crédito hipotecario y eliminar la deuda que José y Maria Carmen habían contraído. ¡¡Quien iba a dudar de todo un benerable Obispo de una iglesia de nivel internacional!! (una iglesia tan internacional que había sido fundada por él mismo y que había domiciliado en su propio domicilio, información que en ese momento don Alfonso se había cuidado de ocultar).
Hasta aquí el segundo capítulo. Pero como decían los cortos de Warner... "No se vayan todavía, que aún hay más".
P.S.: Las palabras escritas en azul han sido añadidas recientemente y se ha procedido a tachar las modificaciones respecto al texto original de 2010.